EL TRABAJO SOCIAL EN LA COOPERACIÓN AL DESARROLLO: LA PARTICIPACIÓN COMO ACTITUD PROFESIONAL

Autora: Mar García

La práctica del Trabajo Social en el ámbito de la Cooperación al desarrollo debe ser una intervención bilateral, descentralizada, local y con un enfoque feminista, decolonial y socioafectivo.

Trabajo Social y Cooperación al desarrollo no son disciplinas separadas, mucho tienen que ver la una de la otra y la mirada con la que intervenimos tiene que ser la misma, tanto a nivel local como internacional, puesto que debemos ver a las personas como agentes y sujetos de cambio las cuales, sólo cuando toman conciencia de su realidad mediante la participación y acción, pueden resolver sus problemas.

En el ámbito de la Cooperación al desarrollo se han diseñado muchas intervenciones bajo una perspectiva eurocéntrica, etnocéntrica y patriarcal, a pesar de que se ha hecho un esfuerzo grande por incluir en estos proyectos la participación, el empoderamiento y la perspectiva de género. Sin embargo, el desarrollo continúa centrado en el crecimiento económico más que en las personas.

Un principio compartido en el Trabajo Social y la Cooperación al Desarrollo: La participación. Por ello, la importancia de potenciar que las personas se conviertan en agentes de sus propias vidas y de sus comunidades.

La participación ha de ser una actitud y un valor que vaya implícito en nuestra forma de trabajar e intervenir con el colectivo o la persona.

Como dice mi compañero de profesión y voluntario de la ONG Nepal Sonríe, Diego Villalón «se busca hacer partícipes a las comunidades de su propio proceso de análisis de situación, identificación y priorización de necesidades y problemáticas y a la par en la búsqueda de soluciones que se adecuan en sus particularidades culturales, locales, en los aspectos económicos, políticos, familiares y, como entidades externas tienen que ofrecer ese apoyo en ese proceso siendo ellos y ellas los protagonistas».

El modelo a seguir, desde mi punto de vista, son las ideas de Paulo Freire, que considera que las personas empobrecidas deben identificar, analizar y comprender su realidad y que ello se transforme en empoderamiento o concienciación.

Para acabar, vuelvo a hacer mención a Diego Villalón citando sus palabras «El trabajo social y la Cooperación al Desarrollo está muy ligadas entre sí y es necesario personas involucradas e interesadas que ayuden a evolucionar con respecto a este campo de manera más ética y respetuosa dando importancia a la cultura y diversidad para ayudar a conseguir un mundo más global en el que se respeten las diferencias y prevalezca las personas como seres humanos y sean los protagonistas de su propio proceso de autonomía y autodeterminación».