DESPROFESIONALIZACIÓN DEL TERCER SECTOR

Autora: Mar García

Lo primero que cabría preguntarse es qué es  el Tercer Sector.

Se entiende como el conjunto de entidades privadas, formalmente organizadas y sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es impulsar el reconocimiento y el ejercicio de los derechos sociales individuales y colectivos, y lograr la cohesión e inclusión social.

Desde la crisis económica de 2008 en España, este sector, como otros muchos, se ha visto afectado negativamente. Pero ¿esto es el resultado de la crisis económica? Pues la verdad es que no. Desde años atrás ya es un sector que no ha sido valorado, reconocido, ni estimado.

Todos los trabajos relacionados con el ámbito social están tremendamente feminizados y sufren una violencia laboral espeluznante, con condiciones precarias y salarios indignos.

A esto se le añade que hay una alta concepción social en cuanto a que son trabajos que se realizan “por amor al otro/a” y ello implica un altruismo laboral y, por tanto, económico.

¿Qué conlleva todos estos pensamientos? que no se le dé la importancia que tiene, lo que supone, en definitiva, una fuerte desprofesionalización del tercer sector.

Tenemos asociaciones, ONGS y entidades poco profesionalizadas, con pocas personas profesionales contratadas y las que hay, están poco cuidadas, trabajando en la lucha por los derechos de las personas en situación de exclusión social, cuando ellas mismas asumen unas condiciones lamentables. ¿Ironía?, ¿vacile? Llámalo como quieras, pero desde luego, injusto es uno de los adjetivos con el que yo calificaría esta situación.

¿Hablamos además de la figura del voluntariado y su impacto en el Tercer Sector?

Este rol no está bien usado ya que hay un limbo legislativo respecto a ciertas tareas que las personas voluntarias asumen, algo de lo que las entidades se aprovechan. El autor Ángel Zurdo afirma que, en parte, uno de los factores que afecta a esta precariedad es el mal uso del voluntariado como mano de obra barata, suplencia de profesionales remunerados, prácticas profesionales o acceso al puesto de trabajo. Pero muchas personas, sobre todo directivos de estas entidades lo justifican admitiendo que es una respuesta al desempleo existente y donde ganan tanto las personas como las propias entidades al disminuir sus gastos.

Todo esto sumado a otros muchos motivos es lo que marca una crisis en el Tercer Sector que hace que su profesionalización sea precaria o inexistente. La toma de conciencia y lucha por reconstruir su significado y sus prácticas profesionales es el reto que me planteo en un sistema donde el proceso en búsqueda de la victoria no será ni mucho menos sencillo.